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retirados. Lo que se pide al hombre es que aproveche a los  hombres: si pudiere, a muchos, y si no, a pocos; y si no pudiere a pocos,  que sea a sus más cercanos, y si no, a sí mismo: porque cuando se hace  útil para los demás, hace el negocio común; y cuando se hace malo, no sólo  se daña a sí, sino también a todos aquellos a quien, siendo bueno, pudiera  aprovechar. El que vive bien, con sólo eso es útil para otros, porque los  encamina a lo que les ha de ser provechoso. 

 

Capítulo XXXI

 

Consideremos en nuestro entendimiento dos repúblicas, una grande y verdaderamente pública, en la cual son comprendidos los dioses y los  hombres, donde no miramos a esta o aquella parte, sino antes medimos con  el sol los términos de nuestra ciudad; la otra es aquella en que nos puso  el estado de nuestro nacimiento, como el ser ateniense, o cartaginés, o de  otra cualquiera provincia que no pertenezca en común a todos los hombres,  sino a pocos en particular. Hay algunos que a un mismo tiempo sirven a  entrambas repúblicas, mayor y menor; otros a sola la menor, y otros a sola  la mayor, y a ésta podemos servir en el ocio; y pienso que mejor en él,  para poder averiguar qué cosa sea la virtud, y si es una sola o son  muchas, y si es la naturaleza o el arte la que hace buenos a los hombres,  si es uno lo que comprende el mar y las tierras y lo contenido en las  tierras y en el mar. Si  la materia de que son engendradas todas las cosas es una; si es continua y  llena o dividida; si lo inane y vacío está mezclado con lo sólido; si las trata y cerca por defuera o asiste interiormente en ellas; si el mundo es inmóvil, o si se ha de contar entre las cosas

caducas que nacieron para tiempo limitado. El que contempla  estas cosas. Dale el que tantas y tan soberanas  obras salidas de sus manos no estén sin testigos. Solemos decir que el  sumo bien es vivir según los preceptos de la naturaleza, y ésta nos  engendró para acción y contemplación: hagamos ahora evidencia de lo que al  principio propusimos.

 

 Capítulo XXXII

 

¿Por ventura esto no estará suficientemente probado si cada uno  consultare consigo los deseos que tiene de saber lo no conocido,  moviéndose con cualesquier nuevas? Algunos navegan y sufren los trabajos  de prolijas navegaciones, teniendo por premio el conocimiento de alguna  cosa remota y no conocida. Este deseo es el que junta los pueblos en los  espectáculos, éste el que obliga a investigar lo más oculto, a inquirir lo  más secreto, a revolver las antigüedades, a oír las costumbres de naciones  bárbaras. Dionos la naturaleza un ingenio curioso, y como aquella que  sabía su grande arte y hermosura, nos engendró para que asistiésemos a los  varios espectáculos de las cosas, por no perder el fruto de su trabajo ni  dejar que la soledad fuese sola la que gozase de obras tan excelentes, tan  sutiles, tan resplandecientes y por tan diferentes modos hermosas. Y para  que conozcas que ella no sólo quiso ser mirada, sino atendida con cuidado,  advierte el lugar en que nos puso, que fue en medio de sí misma, dándonos  la vista de todas las cosas; y no sólo levantó derecho al hombre, sino  que, habiéndole criado para contemplación y para que pudiese atender a las  estrellas que desde el Oriente corren al Ocaso, y para que con todo el  cuerpo pudiese rodear la vista, le formó la cabeza en lo alto

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