los niños, y Catón recreaba en convites el ánimo fatigado de cuidados
públicos. Scipión danzaba a compás con aquel su militar y triunfador
cuerpo; pero no haciendo mudanzas afeminadas de las que exceden a la
blandura mujeril, como las que ahora se usan, sino como lo solían hacer
aquellos antiguos varones que se entretenían entre el juego y los días
festivos, danzando varonilmente, sin que pudiesen perder crédito aunque los
viesen danzar sus enemigos. Darse tiene algún refrigerio a los ánimos,
porque descansados se levanten mejores y más valientes al trabajo; y como
los campos fértiles no se han de fatigar, porque el no dar
alguna intermisión a su fecundidad los enflaquecerá con presteza, así el
trabajo continuo quebranta los ímpetus del ánimo, que recreado tomará más
fuerzas. De la continuación en los cuidados nace una como inhabilidad y
descaecimiento de los ánimos; y el eficaz deseo de los hombres no se
inclinará a tanto, si en el entretenimiento y juego no hallara un casi
natural deleite, cuyo uso siendo frecuente quita a los ánimos todo el vigor
y fuerza. Necesario es el sueño para reparar las fuerzas; pero si le
continúas de día y de noche, vendrá a ser muerte: mucha diferencia hay en
aflojar o soltar una cosa. Los legisladores instituyeron días festivos para
que los hombres se juntasen públicamente, interponiendo con alegría un casi
necesario temperamento a los trabajos; y los grandes varones, como tengo
dicho, se tomaban cada mes ciertos días feriados; y otros no dejaron día
alguno sin dividirle entre los cuidados y el ocio, como lo sabemos de Polión
Asinio, gran orador a quien ningún negocio detuvo en pasando la hora
décima; y después, ni aun quería leer las cartas, porque de ellas no le
resultase algún cuidado, reparando en aquellas dos horas de descanso
el trabajo de t odo el día. Otros dividieron el día
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reservando para las tardes los negocios de menor cuidado, y nuestros
pasados prohibieron el hacerse en el Senado nuevas relaciones pasada la
hora décima. El soldado divide las velas, y el que viene de la campaña está
libre de hacer la centinela. Conviene ensanchar el ánimo dándole algún ocio
que aliente y dé fuerzas; y el paseo que se hiciere sea en campo abierto
para que en cielo libre y con mucho aliento se levante y aumente el ánimo;
y tal vez dará vigor el andar a caballo, haciendo algún viaje y mudando de
sitio. Los banquetes y la bebida algo más licenciosa, y aun llegando tal
vez a la raya de la embriaguez (no de modo que nos anegue, sino que nos
divierta) nos aligerarán los cuidados sacando el ánimo de su encerramiento;
porque como el vino cura algunas enfermedades, así también cura la
tristeza. A Baco, inventor del vino, le llamaron Liber, no por la libertad
que da a la lengua, sino porque libra el ánimo de la servidumbre de los
cuidados, fortaleciéndole y haciéndole más vigoroso y audaz para todos los
intentos; pero como en la libertad es saludable la moderación, lo es
también el vino. De Solón y Arquesilao se dice que fueron dados al vino; a
Catón le tacharon de embriaguez; pero el que a Catón opone esta culpa podrá
con más facilidad persuadir que ella sea honesta que no que Catón haya sido
torpe. Mas esta licencia del vino no se ha de tomar muchas veces, porque el
ánimo no se habitúe a malas costumbres, aunque tal vez ha de salir a
regocijo y libertad, desechando algún tanto la sobriedad triste: porque si
damos crédito al Poeta Griego, alguna vez da alegría el enloquecerse, y si
a Platón, en vano abre las puertas a la poesía el que está con entero
juicio, y si a Aristóteles, pocas veces hubo ingenio grande sin alguna
mezcla de locura. No puede decir cosa superior y que exceda a los demás, si
no es el entendimiento altivo, que desgraciado
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