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eres príncipe, o estas en camino de serlo; en el primer caso, la liberalidad
es perniciosa; en el segundo, necesaria. Y César era uno do los que querían
llegar al principado de Roma; pero si después de lograrlo hubiese
sobrevivido y no so hubiera moderado en los gastos, habría llevado el
imperio a la ruina”. Y si alguien replicase: “Ha habido muchos príncipes,
reputados por liberalísimos, que hicieron grandes cosas con las armas” diría
yo: “O el príncipe gasta lo suyo y lo de los súbditos, o gasta lo ajeno; en
el primer caso debe ser medido, en el otro, no debe cuidarse del
despilfarro. Porque el príncipe que va con sus ejércitos y que vive del
botín, de los saqueos y de las contribuciones, necesita en esa esplendidez a
costa de los enemigos, ya que de otra manera los soldados no lo seguirían.
Con aquello que no es del príncipe ni de sus súbditos se puede ser
extremadamente generoso, como lo fueron Ciro, César y Alejandro; porque el
derrochar lo ajeno, antes concede que quita reputación; sólo el gastar lo de
uno perjudica. No hay cosa que se consuma tanto a sí misma como la
prodigalidad, pues cuanto más se la practica más se pierde la facultad de
practicarla; y se vuelve el príncipe pobre y despreciable, o, si quiere
escapar de la pobreza, expoliador y odioso. Y si hay algo que deba evitarse,
es el ser despreciado y odioso, y a ambas cosa conduce la prodigalidad. Por
lo tanto, es más prudente contentarse con el tilde de tacaño que implica una
vergüenza sin odio, que, por ganar fama de pródigo, incurrir en el de
expoliador, que implica una vergüenza con odio.
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Capitulo XVII
DE LA CRUELDAD Y LA CLEMENCIA; Y SI ES MEJOR SER AMADO QUE TEMIDO, O SER
TEMIDO QUE AMADO
Paso a las otras cualidades ya cimentadas y declaro que todos los príncipes
deben desear ser tenidos por clementes y no por crueles. Y, sin embargo,
deben cuidarse de emplear mal esta clemencia, César Borgia era considerado
cruel, pese a lo cual fue su crueldad la que impuso el orden en la Romaña,
la que logró su unión y la que la volvió a la paz y a la fe. Que, si se
examina bien, se verá que Borgia fue mucho más clemente que el pueblo
florentino, que para evitar ser tachado de cruel, dejó destruir a Pistoya.
Por lo tanto, un príncipe no debe preocuparse porque lo acusen de cruel,
siempre y cuando su crueldad tenga por objeto el mantener unidos y fieles a
los súbditos; porque con pocos castigos ejemplares será más clemente que
aquellos que, por excesiva clemencia, dejan multiplicar los desórdenes,
causas de matanzas y saqueos que perjudican a toda una población, mientras
que las medidas extremas adoptadas por el príncipe sólo van en contra de
uno. Y es sobre todo un príncipe nuevo el que no debe evitar los actos de
crueldad, pues toda nueva dominación trae consigo infinidad de peligros. Así
se explica que Virgilio ponga en boca de Dido:
Res dura et regni novitas me talia (cogunt
Moliri, et late fines custode tueri. |
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