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si es verdad o no que las demás virtudes no le habrían bastado puede verse
en Escipión —hombre de condiciones poco comunes, no sólo dentro de su boca,
sino dentro de toda la historia de la humanidad—, cuyos ejércitos se
rebelaron en España. Lo cual se produjo por culpa de su excesiva clemencia,
que había dado a sus soldados más licencia de la que a la disciplina militar
convenía. Falta que Fabio Máxirno le reprochó en el Senado, llamándolo
corruptor de la milicia romana. Los locrios, habiendo sido ultrajados por un
enviado de Escipión, no fueron desagraviados por éste ni la insolencia del
primero fue castigada naciendo todo de aquel su blando carácter. Y a tal
extremo, que alguien que lo quiso justificar ante el Senado dijo que
pertenecía a la clase de hombres que saben mejor no equivocarse que enmendar
las equivocaciones ajenas. Este carácter, con el tiempo habría acabado por
empañar su fama y su honor, a haber llegado Escipión al mando absoluto; pero
como estaba bajo las órdenes del Senado, no sólo quedó escondida esta mala
cualidad suya, sino que se convirtió en su gloria.
Volviendo a la cuestión de ser amado o temido, concluyo que, como el amar
depende de la voluntad de los hombres y el temer de la voluntad del
príncipe, un príncipe prudente debe apoyarse en lo suyo y no en lo ajeno,
pero, como he dicho, tratando siempre de evitar el odio.
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Capitulo XVIII
DE QUE MODO LOS PRÍNCIPES
DEBEN CUMPLIR SUS PROMESAS
Nadie deja de comprender cuán digno de alabanza es el príncipe que cumple la
palabra dada, que obra con rectitud y no con doblez; pero la experiencia
nos demuestra, por lo que sucede en nuestros tiempos, que son precisamente
los príncipes que han hecho menos caso de la fe jurada, envuelto a los demás
con su astucia y reído de los que han confiado en su lealtad, los únicos que
han realizado grandes empresas.
Digamos primero que hay dos maneras de combatir: una, con las leyes; otra,
con la fuerza. La primera es distintiva del hombre; la segunda, de la
bestia. Pero como a menudo la primera no basta, es forzoso recurrir a la
segunda. Un príncipe debe saber entonces comportarse como bestia y como
hombre. Esto es lo que los antiguos escritores enseñaron a los príncipes de
un modo velado cuando dijeron que Aquiles y muchos otros de los príncipes
antiguos fueron confiados al centauro Quirón para que los criara y educase.
Lo cual significa que, como el preceptor es mitad bestia y mitad hombre, un
príncipe debe saber emplear las cualidades de ambas naturalezas, y que una
no puede durar mucho tiempo sin la otra.
De manera que, ya que se ve obligado a comportarse como bestia, conviene que
el príncipe se transforma en zorro y en león, porque el león no sabe
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