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Así, en el caso de los que son expertos en el ataque, sus enemigos no saben
por dónde atacar.
Cuando se cumplen las instrucciones, las personas son sinceramente leales y
comprometidas, los planes y preparativos para la defensa implantada con
firmeza, siendo tan sutil y reservado que no se revelan las estrategias de
ninguna forma, y los adversarios se sienten inseguros, y su inteligencia no
les sirve para nada.
Sé extremadamente sutil, discreto, hasta el punto de no tener forma. Sé
completamente misterioso y confidencial, hasta el punto de ser silencioso.
De esta manera podrás dirigir el destino de tus adversarios.
Para avanzar sin encontrar resistencia, arremete por sus puntos débiles.
Para retirarte de manera esquiva, sé más rápido que ellos.
Las situaciones militares se basan en la velocidad: llega como el viento,
muévete como el relámpago, y los adversarios no podrán vencerte.
Por lo tanto, cuando quieras entrar en batalla, incluso si el adversario
está atrincherado en una posición defensiva, no podrá evitar luchar si
atacas en el lugar en el que debe acudir irremediablemente al rescate.
Cuando no quieras entrar en batalla, incluso si trazas una línea en el
terreno que quieres conservar, el adversario no puede combatir contigo
porque le das una falsa pista.
Esto significa que cuando los adversarios llegan para atacarte, no luchas
con ellos, sino que estableces un cambio estratégico para confundirlos y
llenarlos de incertidumbre. |
Por consiguiente, cuando induces a otros a efectuar una formación, mientras
que tú mismo permaneces sin forma, estás concentrado, mientras que tu
adversario está dividido.
Haz que los adversarios vean como extraordinario lo que es ordinario para
ti; haz que vean como ordinario lo que es extraordinario para ti. Esto es
inducir al enemigo a efectuar una formación. Una vez vista la formación del
adversario, concentras tus tropas contra él. Como tu formación no está a la
vista, el adversario dividirá seguramente sus fuerzas.
Cuando estás concentrado formando una sola fuerza, mientras que el enemigo
está dividido en diez, estás atacando a una concentración de uno contra
diez, así que tus fuerzas superan a las suyas.
Si puedes atacar a unos pocos soldados con muchos, diezmarás el número de
tus adversarios.
Cuando estás fuertemente atrincherado, te has hecho fuerte tras buenas
barricadas, y no dejas filtrar ninguna información sobre tus fuerzas, sal
afuera sin formación precisa, ataca y conquista de manera incontenible.
No han de conocer dónde piensas librar la batalla, porque cuando no se
conoce, el enemigo destaca muchos puestos de vigilancia, y en el momento en
el que se establecen numerosos puestos sólo tienes que combatir contra
pequeñas unidades.
Así pues, cuando su vanguardia está preparada, su retaguardia es defectuosa,
y cuando su retaguardia está preparada, su vanguardia presenta puntos
débiles. |
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