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escapen con una fingida prisa! ¡Cuántos que, por no salir por los zaguanes,
llenos de sus paniaguados, huirán por las secretas puertas falsas, como si
no fuera mayor inhumanidad engañar que despedir! ¡Cuántos soñolientos y
pesados con la embriaguez, contraída la noche antes con un arrogante bocezo,
abriendo apenas los labios, pagarán a los miserables que perdieron su sueño
por guardar el ajeno, las salutaciones infinitas veces repetidas! Solos
aquellos, podemos decir, están detenidos en verdaderas ocupaciones, que se
precian tener continuamente por amigos a Zenón, a Pitágoras, a Demócrito, a
Aristóteles y Teofrastro, y los demás varones eminentes en las buenas
ciencias. Ninguno de éstos estará ocupado, ninguno dejará de enviar más
dichoso, y más amador de sí, al que viniere a comunicarlos; ninguno de
ellos consentirá que los que comunicaren salgan con las manos vacías. Éstos
a todas horas de día y de noche se dejan comunicar de todos; ninguno de
ellos te forzará a la muerte, y todos ellos te enseñarán a morir. Ninguno
hollará tus años, antes te contribuirán de los suyos. Ninguna conversación
suya te será peligrosa; no será culpable su amistad ni costosa su
veneración.
Capítulo XVI
De su comunicación sacarás el fruto que quisieres, sin que por ellos quede
el que consigas más cuanto más sacares. ¡Qué felicidad y qué honrada vejez
espera al que se puso debajo de la protección de ésta! Tendrá con quien
deliberar de las materias grandes y pequeñas, a quien consultar cada día en
sus negocios, y de quien oír verdades sin injurias, y alabanzas sin
adulación, y una idea cuya semejanza imite. Solemos decir que
no estuvo en nuestra potestad elegir
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padres, habiéndonoslos dado la fortuna; con todo eso, habiendo tantas
familias de nobilísimos ingenios, nos viene a ser lícito nacer a nuestro
albedrío. Escoge a cuál de ellas quieres agregarte, que no sólo serás
adoptado en el apellido, sino para gozar aquellos bienes que no se dan para
guardarlos con malignidad y bajeza, siendo de calidad que se aumentan más
cuando se reparten en más. Estas cosas te abrirán el camino para la
eternidad, colocándote en aquella altura de la cual nadie será derribado.
Sólo este medio hay con que extender la mortalidad, o para decirlo mejor,
para convertirla en inmortalidad. Las honras y las memorias, y todo lo
demás, que o por sus decretos dispuso la ambición, o levantó con fábricas,
con mucha brevedad se deshace; no hay cosa que no destruya la vejez larga,
consumiendo con más prisa lo que ella misma consagró. Sólo a la sabiduría
es a quien no se puede hacer injuria; no la podrá borrar la edad presente,
ni la disminuirá la futura, antes la que viene añadirá alguna parte de
veneración; porque la envidia siempre hace su morada en lo cercano, y con
más sinceridad nos admiramos de lo más remoto. Tiene, pues, la vida del
sabio grande latitud, no la estrechan los términos que a la de los demás;
él sólo es libre de las leyes humanas; sírvenle todas las edades como a
Dios; comprende con la recordación el tiempo pasado, aprovechándose del
presente, y dispone el futuro; con lo cual, la unión de todos los tiempos
hace que sea larga su vida; siendo muy corta y llena de congojas la de
aquellos que se olvidan de lo pasado, no cuidan de lo presente y temen lo
futuro, y cuando llegan a sus postrimerías, conocen tarde los desdichados
que estuvieron ocupados mucho tiempo en hacer lo que en sí es nada.
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