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su encuentro y le derribara en campada. Después de la victoria, y muerto
Darío, Alejandro quedó dueño tranquilo del Estado, por las razones
discurridas. Y si los sucesores hubiesen permanecido unidos, habrían podido
gozar en paz de la conquista, porque no hubo con el reino otros tumultos que
los que ellos mismos suscitaron. Pero es imposible gozar con tanta seguridad
do un Estado organizado como el de Francia. Por ejemplo, los numerosos
principados que había con España, Italia y Grecia explican las frecuentes
revueltas contra los romanos; y mientras perduró el recuerdo de su
existencia, los romanos nunca estuvieron seguros de su conquista; pero una
vez el recuerdo borrado, se convirtieron, gracias a la duración y al poder
de su Imperio, en sus seguros dominadores. Y así después pudieron,
peleándose entre sí, sacar la parte que les fue posible en aquellas
provincias, de acuerdo con la autoridad que tenían en ellas; porque,
habiéndose extinguido la familia de sus antiguos señores, no se reconocían
otros dueños que los romanos. Considerando, pues, estas cosas, no se
asombrará nadie de la facilidad con que Alejandro conservó el Imperio de
Asia, y de la dificultad con que los otros conservaron lo adquirido, como
Pirro y muchos otros. Lo que no depende de la poca o mucha virtud del
conquistador, sino de la naturaleza de lo conquistado. |
Capitulo V
DE
QUÉ MODO HAY QUE GOBERNAR LAS CIUDADES O PRINCIPADOS QUE, ANTES DE SER
OCUPADOS, SE REGÍAN POR SUS PROPIAS LEYES
Hay tres modos de conservar un Estado que, antes de ser adquirido, estaba
acostumbrado a regirse por sus propias leyes y a vivir en libertad: primero,
destruirlo., después, radicarse en él; por último, dejarlo regir por sus
leyes, obligarlo a pagar un tributo y establecer un gobierno compuesto por
un corto número de personas, para que se encargue de velar por la conquista.
Como ese gobierno sabe que nada puede sin la amistad y poder del príncipe,
no ha de reparar en medios para conservarle el Estado. Porque nada hay mejor
para conservar -si se la quiere conservar- una ciudad acostumbra- da a vivir
libre que hacerla gobernar por sus mismos ciudadanos.
Ahí están los espartanos y romanos corno ejemplo de ello. Los espartanos
ocuparon a Atenas y Tebas, dejaron en ambas ciudades un gobierno
oligárquico, y, sin embargo, las perdieron. Los romanos, para conservar a
Capua, Cartago y Numancia, las arrasaron, y no las perdieron. Quisieron
conservar a Grecia como lo habían hecho los espartanos, dejándole sus leyes
y su libertad, y no tuvieron éxito: de modo que se vieron obligados a
destruir muchas ciudades de aquella provincia para no |
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