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o exclusivamente auxiliares, pero muy inferiores a las propias. Bastará el
ejemplo citado para hacer comprender que el reino de Francia sería hoy
invencible si se hubiese respetado la disposición de Carlos; pero la escasa
perspicacia de los hombres hace que comiencen algo que parece bueno por el
hecho de que no manifiesta el veneno que esconde debajo, como he dicho que
sucede con la tisis.
Por lo tanto, aquel que en un principado no descubre los males sino una vez
nacidos, no es verdaderamente sabio; pero ésta es virtud que tienen pocos.
Si se examinan las causas de la decadencia del Imperio Romano, se advierte
que la principal estribó en empezar a tomar a sueldo a los godos, pues desde
entonces las fuerzas del imperio fueron debilitándose, y toda la virtud que
ellas perdían la adquirían los otros.
Concluyo, pues, que sin milicias propias no hay Princ.-pado seguro; más aún:
está por completo en manos del azar, al carecer de medios de defensa contra
la adversidad. Que fue siempre opinión y creencia de los hombres prudentes
“quod nihil sit tam infirmum aut instabile, quam: fama potentiae non sua vi
nixa” Y milicias propias son las compuestas, o por súbditos, o por
ciudadanos, o por servidores del príncipe. Y no será difícil rodearse de
ellas si se siguen los ejemplos de los cuatro a quienes he citado, y se
examina la forma en que Filipo, padre de Alejandro Magno, y muchas
repúblicas y príncipes organizaron sus tropas. Conducta a la cual me remito
por entero.
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Capitulo XIV
DE LOS DEBERES DE UN PRÍNCIPE
PARA CON LA MILICIA
Un príncipe no debe tener otro objeto ni pensamiento ni preocuparse de cosa
alguna fuera del arte de la guerra y lo que a su orden y disciplina
corresponde, pues es lo único que compete a quien manda. Y su virtud es
tanta, que no sólo conserva en su puesto a los que han nacido príncipes,
sino que muchas veces eleva a esta dignidad a hombres de concisión modesta;
mientras que, por el contrario ha, hecho perder el Estado a príncipes que
han pensado más en las diversiones que en las armas. Pues la razón principal
de la pérdida de un Estado se halla siempre en el olvido de este arte, en
tanto que la condición primera para adquirirlo es la de ser experto en él.
Francisco Sforza, por medio de las armas, llegó a ser duque de Milán, de
simple ciudadano que era; y sus hijos, por escapar a las incomodidades de
las armas, de duques pasaron a ser simples ciudadanos. Aparte de otros males
que trae, el estar desarmado hace despreciable, vergüenza que debe evitarse
por lo que luego explicaré. Porque entre uno armado y otro desarmado no hay
comparación posible, y no es razonable que quien esté armado obedezca de
buen grado a quien no lo está, y que el príncipe desarmado se sienta seguro
entre servidores armados, porque, desdeñoso uno y desconfiado el otro, no es
posible que marchen de acuerdo. Por todo ello, un príncipe que, aparte de
otras desgracias, no entienda de cosas
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