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necesidad de apoyos extraordinarios- buscasen contentar a los soldados antes
que al pueblo; lo cual, sin embargo, podía resultarles ventajoso o no según
que supiesen o no ganarse y conservar su respeto. Por tales motivos, Marco,
Pertinax y Alejandro, a pesar de su vida moderada, a pesar de ser amantes de
la justicia, enemigos de, la crueldad, humanitarios y benévolos, tuvieron
todos, salvo Marco, triste fin. Y Marco vivió y murió amado gracias a que
llegó al trono por derecho de herencia, sin debérselo al pueblo ni a los
soldados., y a que, como estaba adornado de muchas virtudes que lo hacían
venerable, tuvo siempre, mientras vivió, sometido a unos y a otros a su
voluntad, y nunca fue odiado ni despreciado. Pero Pertinax fue hecho
emperador contra el parecer de los soldados, que, acostumbrados a vivir en
la mayor licencia bajo Cómodo, no podían tolerar la vida virtuosa que aquél
pretendía imponerles; y por esto fue odiado. Y como al odio se agregó al
desprecio que inspiraba su vejez, pereció en los comienzos mismos de su
reinado.
Y aquí se debe señalar que el odio se gana tanto con las buenas acciones
como con las perversas, por cuyo motivo, como dije antes, un príncipe que
quiere conservar el poder es a menudo forzado a no ser bueno, porque cuando
aquel grupo, ya sea pueblo, soldados o nobles, del que tú juzgas tener
necesidad para mantenerte, está corrompido, te conviene seguir su capricho
para satisfacerlo, pues entonces las buenas acciones serían tus enemigas.
Detengámonos ahora en Alejandro, hombre de
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tanta bondad que, entre los elogios que se le tributaron, figura el de que
en catorce años que reinó no hizo matar a nadie sin juicio previo; pero su
fama de persona débil y que se dejaba gobernar por su madre le acarreó el
desprecio de los soldados, que se sublevaron y lo mataron.
Por el contrario, Cómodo, Severo, Antonio Caracalla y Maximino fueron
ejemplos de crueldad y despotismo llevado al extremo. Para congraciarse con
los soldados, no ahorraron ultrajes al pueblo. Y todos, a excepción de
Severo, acabaron mal. Severo, aunque oprimió al pueblo, pudo reinar
felizmente en mérito al apoyo de los soldados y a sus grandes cualidades,
que lo hacían tan admirable a los ojos del pueblo y del ejército que éste
quedaba reverente y satisfecho, y aquél, atemorizado y estupefacto. Y como
sus acciones fueron notables para un príncipe nuevo, quiero explicar
brevemente lo bien que supo proceder como zorro y como león, cuyas
cualidades, como ya he dicho, deben ser imitadas por todos los príncipes.
Enterado de que el emperador Juliano era un cobarde, Severo convencía al
ejército que estaba bajo su mando en Esclavonia de que era necesario ir a
Roma para vengar la muerte de Pertinax, a quien los pretorianos habían
asesinado. Y con este pretexto, sin dar a conocer sus aspiraciones al
imperio, condujo al ejército contra Roma y estuvo en Italia antes que se
hubiese tenido noticia de su partida. Una vez en Roma, dio muerte a Juliano;
y el
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