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inexpugnables. No compares con ella los muros de Babilonia que allanó
Alejandro; no los castillos de Cartago y Numancia, ganados con un ejército;
no el Capitolio y su Alcázar, que todos ellos tienen las señales de los
enemigos; pero las que defienden al sabio están seguras del fuego y de los
asaltos, sin que haya portillo por donde entrar, porque son altas, excelsas
e iguales a los dioses.
Capítulo VII
No tendrás razón en decir lo que sueles, que este nuestro sabio no se halla
en parte alguna, porque nosotros no fingimos esta vana grandeza del humano
entendimiento, ni publicamos gran concepto de cosa falsa, sino como lo
formamos os lo damos y os lo daremos, si bien raramente y con grande
intervalo de los tiempos se halla, porque las cosas grandes que exceden el
vulgar y acostumbrado modo no nacen cada día. Antes recelo que este nuestro
Catón, que dio motivo a nuestra disputa, es superior a nuestro ejemplo; y,
finalmente, el que ofende ha de tener mayores fuerzas que el que recibe la
ofensa, pues si la maldad no puede ser más fuerte que la virtud, claro está
que no podrá ser ofendido el sabio: porque sólo son malos los que intentan
injuriar a los buenos, porque entre los justos siempre hay paz, y no
pudiendo ser ofendido sino el inferior y el malo, lo es del bueno; y los
buenos no pueden tener injuria si no es de los que no lo son, claro es que
el sabio no puede ser injuriado. Y no tengo que advertirte de nuevo que no
hay otro que sea bueno sino el sabio. Dirásme que aunque Sócrates fue
condenado injustamente, al fin recibió injuria. Para esto conviene que
sepamos que puede suceder que alguno me haga injuria y que
yo no la reciba, como si
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una persona, habiendo hurtado alguna cosa de mi granja, me la pusiese en mi
casa: este tal cometió hurto, pero yo no perdí cosa alguna; así, puede uno
ser dañador sin hacer daño. Acuéstase un casado con su mujer juzgando que es
ajena; éste será adúltero sin que lo sea la mujer. Danle algún veneno que,
mezclado con la comida, perdió la fuerza; pero con darme el veneno, aunque
no me dañó, se hizo sujeto a la culpa; y no deja de ser ladrón aquel cuyo
puñal quedó frustrado con la ropa. Todas las maldades son perfectas cuanto
a la culpa, aunque no se consiga el efecto de la obra; pero hay algunas en
tal modo unidas, que no puede estar lo uno sin lo otro. Yo procuraré hacer
evidente lo que digo: puedo mover los pies sin correr, pero no puedo correr
sin moverlos; puedo estar en el agua sin nadar, pero no puedo nadar sin
estar en el agua. De esta calidad es lo que trato: si recibí la injuria,
es fuerza que se hiciese; pero no es fuerza que por haberse hecho la haya
yo recibido, porque pueden haberse ofrecido muchas cosas que hayan
apartado la injuria; y como algunos sucesos pueden detener la mano
levantada y apartar las saetas disparadas, si puede haber alguna cosa que
repela cualesquier injurias, deteniéndolas, de modo que aunque sean hechas
no sean recibidas. Demás de esto, la justicia no puede sufrir lo injusto,
por no ser compatibles dos contrarios, y la injuria no puede hacerse si no
es con justicia.
Capítulo VIII
No hay de que te admires cuando te digo que ninguno puede hacer injuria al
sabio, pues tampoco le puede nadie aprovechar, porque al que lo es, ninguna
cosa le falta que pueda recibir en lugar de dádiva,
y el malo no puede dar
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