Ir al catálogo

venidero: porque ¿qué  cosa le puede arrancar que le sea disgusto? Conocidas tiene con hartura  todas las cosas; en lo demás disponga la fortuna como quisiere, que ya la  vida de éste está en puerto seguro; podrásele añadir algo, pero quitar no;  sucediéndole lo que al estómago, que estando satisfecho, y no cargado,  admite algún manjar sin haberle apetecido.

 

Capítulo VIII

 

No juzgues, pues, que alguno ha vivido mucho tiempo por verle con  canas y con arrugas; que aunque ha estado mucho tiempo en el mundo, no ha  vivido mucho. ¿Dirás tú, por ventura, que navegó mucho aquel que habiendo  salido del puerto le trajo la cruel tempestad de una parte a otra, y  forzado de la furia de encontrados vientos, anduvo dando bordos en un  mismo paraje? Éste, aunque padeció mucho, no navegó mucho. Suélome admirar  cuando veo algunos que piden tiempo, y que los que lo han de dar se  muestran fáciles. Los unos y los otros ponen la mira en el negocio para  que se pide el tiempo, pero no la ponen en el mismo tiempo; y como si lo  que se pide y lo que se da fuera de poquísimo valor, se desprecia una cosa  tan digna de estimación. Engáñalos el ver que el tiempo no es cosa  corpórea, ni se deja comprender con la vista, y así le tienen por cosa  vilísima y de ningún valor. Algunos carísimos varones reciben gajes de otros, y por ellos alquilan su trabajo, su cuidado y su diligencia; pero  del tiempo no hay quien haga aprecio: usan de él pródigamente, como de  cosa dada gratuitamente. Pon los ojos en los que esto hacen, y míralos  cuando están enfermos, y cuando se les acerca el peligro de la muerte y  temen el capital suplicio, y verás que

dicen, tocando las rodillas de los  médicos, que están dispuestos a dar toda su hacienda por conservar la  vida: tan diversa es en ellos la discordia de los afectos. Y si como  podemos traer a cada uno a la memoria el número de los años que se le han  pasado, pudiésemos tener certeza de los que le quedan, ¡oh cómo temblarían  aquellos a quien les quedasen pocos, y cómo huirían de disiparlos! La  disposición de lo que es cierto, aunque sea poco, es fácil; pero conviene  guardar con mayor diligencia aquello que no sabes cuándo se te ha de  acabar. Y no pienses que ellos ignoran que el tiempo es cosa preciosa,  pues para encarecer el amor que tienen a los que aman mucho, les suelen  decir que están prontos a darles parte de sus años. Lo cierto es que, sin entenderlo se los dan; pero dan los quitándoselos a sí mismo, sin que se  acrezcan a los otros; pero como ignoran lo que pierden, viéneles a ser más tolerable la pérdida del no entendido daño. No hay quien pueda restituirte los años, y ninguno te restituirá a ti mismo: la edad proseguirá el camino  que comenzó, sin volver atrás ni detenerse; no hará ruido ni te advertirá  de su velocidad; pasará con silencio; no se prorrogará por mandado de los  reyes ni por el favor del pueblo, correrá desde el primer día como se le  ordenó; en ninguna parte tomará posada ni se detendrá. ¿Qué se seguirá de  esto? Que mientras tú estás ocupado huye aprisa la vida, llegando la  muerte, para la cual, quieras o no quieras, es forzoso desocuparte.

 

Capítulo IX

 

¿Por ventura alguno (hablo de aquellos que se precian de prudentes),  viviendo con más cuidado, podrá conseguir el vivir con más descanso?  Disponen la vida haciendo cambios

                253                                                                254
Ir a primera página Retroceder una página Avanzar una página Ir a la última página
Ir a Pg.