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bastimentos para  siete u ocho días, mientras jugando con las fuerzas del Imperio junta  puentes a las naves, llegó a los cercados el último de los males, que es  la falta de los bastimentos; y el querer imitar a un furioso rey  extranjero con infelicidad soberbia, le hubo de costar la pérdida y la  hambre, y lo que a ella se sigue, que es la ruina de todas las cosas. ¿Qué  pensamiento tendrían entonces aquellos a quien estaba encomendada la  provisión del trigo público, esperando recibir hierro, piedras, fuego y  espadas? Encerraban con suma disimulación, y no sin causa, en sus pechos  tantos encubiertos males, por haber muchas enfermedades que se han de  curar ignorándolas los enfermos, habiendo habido muchos a quien el conocer  su enfermedad fue causa de su muerte.

 

Capítulo XX

 

Recógete a estas cosas, más tranquilas, más seguras y mayores.  ¿Piensas que es igual ocupación cuidar que el trigo se eche en los  graneros, sin que la fraude o negligencia de los que le portean le hayan  maleado, atendiendo a que con la humedad no se dañe o escaliente, para que  responda al peso y medida?, ¿o el llegarte a estas cosas sagradas y  sublimes, habiendo de alcanzar con ellas la naturaleza de los dioses? ¿Y  qué deleite, qué estado, qué fortuna, qué suceso espera tu alma, y en qué  lugar nos ha de poner la naturaleza cuando estemos apartados de los  cuerpos? ¿Qué cosa sea la que sustenta todas las cosas pesadas del mundo,  levantando al fuego a lo alto, moviendo en su curso las estrellas, con  otras mil llenas de maravillas? ¿Quieres tú, dejando lo terreno, mirar con el entendimiento éstas superiores? Ahora, pues, mientras la sangre está  caliente,

los vigorosos han de caminar a lo mejor. En este género de vida  te espera mucha parte de las buenas ciencias, el amor y ejercicio de la  virtud, el olvido de los deleites, el arte de vivir y morir y, finalmente,  un soberano descanso. El estado de todos los ocupados es miserable; pero  el de aquellos que aún no son suyas las ocupaciones en que trabajan, es  miserabilísimo; duermen por sueño ajeno, andan con ajenos pasos, comen con  ajena gana; hasta el amar y aborrecer, que son acciones tan libres, lo  hacen mandados. Si éstos quisieren averiguar cuán breve es su vida,  consideren qué parte ha sido suya. Cuando vieres, pues, a los que van  pasando de una a otra judicatura, ganando opinión en los tribunales, no  les envidies; todo eso se adquiere para pérdida de la vida; y para que  sólo se cuente el año de su consulado, destruirán todos sus años. A muchos  desamparó la edad mientras trepando a la cumbre de la ambición luchaban  con los principios; a otros, después de haber arribado por mil  indignidades a las dignidades supremas, les llega un miserable desengaño  de que todo lo que han trabajado ha sido para el epitafio del sepulcro. A  otros desamparó la cansada vejez, mientras como juventud se dispone entre  graves y perversos intentos para nuevas esperanzas.

 

Capítulo XXI

 

Torpe es aquel a quien, estando en edad mayor, coge la muerte ocupado  en negocios de no conocidos litigantes, procurando las lisonjas del  ignorante vulgo; y torpe aquel que, antes cansado de vivir que de  trabajar, murió entre sus ocupaciones. Torpe el enfermo de quien, por  verle ocupado en sus cuentas, se ríe el ambicioso heredero. No puedo dejar  un ejemplo que me ocurre. Hubo un viejo, llamado Turanio,

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