|
que fuese un problema el proveer a su sustentación. Las cosas habían llegado
a tal extremo, que en un ejército de veinte mil hombres no había dos mil
infantes. Por otra parte, se habían ingeniado para ahorrarse y ahorrar a sus
soldados la fatiga y el miedo con la consigna de no matar en las refriegas,
sino tomar prisioneros, sin degollarlos. No asaltaban de noche las ciudades,
ni los campesinos atacaban las tiendas; no levantaban empalizadas ni abrían
fosos alrededor del campamento, ni vivían en él durante el invierno. Todas
estas cosas, permitidas por sus códigos militares, las inventaron ellos,
como he dicho, para evitarse fatigas y peligros. Y con ellas condujeron a
Italia a la esclavitud y a la deshonra.
Capitulo XIII
DE
LOS SOLDADOS AUXILIARES, MIXTOS Y PROPIOS
Las tropas auxiliares, otras de las tropas inútiles de que he hablado, son
aquellas que se piden a un príncipe poderoso para que nos socorra y
defienda, tal como hizo en estos últimos tiempos el papa Julio, cuando, a
raíz del pobre papel que le tocó representar con sus tropas mercenarias en
la empresa de Ferrara, tuvo que acudir a las auxiliares y convenir con
Fernando, rey de España, que éste iría en su ayuda con sus ejércitos. Estas
tropas pueden ser útiles y buenas para sus amos, pero para quien las llama
son casi siempre funestas; pues si pierden, queda derrotado, y si gana, se
convierte en su prisionero. Y aunque las historias antiguas están llenas de
estos ejemplos, quiero, sin embargo,
|
detenerme en el caso reciente de Julio II, que no pudo haber cometido
imprudencia mayor para conquistar a Ferrera que el entregarse por completo
en manos de un extranjero. Pero su buena estrella hizo surgir una tercera
causa, que, de lo contrario, hubiera pagado las consecuencias de su mala
elección. Porque derrotados sus auxiliares en Ravena, aparecieron los
suizos, que, contra la opinión de todo el mundo, incluso la suya, pusieron
en fuga a los vencedores, de modo que no quedó prisionero de los enemigos,
que habían huido, ni de los auxiliares, ya que había triunfado con otras
tropas. Los florentinos, que carecían de ejércitos propios, trajeron diez
mil franceses para conquistar a Pisa; y esta resolución les hizo correr más
peligros de los que corrieran nunca en ninguna época. El emperador de
Constantinopla, para ayudar a sus vecinos, puso en Grecia diez mil turcos,
los cuales, una vez concluida la guerra, se negaron a volver a su patria; de
donde empezó la servidumbre de Grecia bajo el yugo de los infieles.
Se concluye de esto que todo el que no quiera vencer no tiene más que
servirse de esas tropas, muchísimo más peligrosas que las mercenarias,
porque están perfectamente unidas y obedecen a sus jefes, con lo cual la
ruina es inmediata; mientras que las mercenarias, para someter al príncipe,
una vez que han triunfado, necesitan esperar tiempo y ocasión, pues no
constituyen un cuerpo unido y, por añadidura, están a sueldo del príncipe.
En ellas, un tercero a quien el príncipe haya hecho jefe no puede cobrar en
seguida tanta autoridad como para
|
 |